Aprendiendo a Amar

Aprendiendo a Amar

 

¿Tú sabes amar?

Yo estoy aprendiendo. Estoy aprendiendo a aceptar las personas, Aun en las decepciones cuando huyen del ideal que tengo para ellas.
Cuando me hieren con palabras o acciones impensadas.

Es difícil aceptar a las personas como son, no ..Como yo deseo sean…

Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo…

Estoy aprendiendo a amar, estoy aprendiendo a escuchar, escuchar con los ojos y oídos, escuchar con el alma…

Escuchar lo que dice el corazón, lo que dicen los hombros caídos, los ojos, las manos inquietas el abrazo lejano.

Escuchar el mensaje que se esconde entre las palabras superficiales. Descubrir la angustia disfrazada, la inseguridad enmascarada, la soledad encubierta.

Penetrar la sonrisa fingida, la alegría simulada, la palabra exagerada.

Descubrir el dolor de cada corazón

Poco a poco, estoy aprendiendo a amar. Estoy aprendiendo a perdonar…

Porque el amor perdona, escarba en la tristeza, curando las cicatrices que la incomprensión y la insensibilidad grabaron en el corazón.

El amor no alimenta heridas con pensamientos dolorosos, no cultiva ofensas, silenciando nuestra voz, anulando nuestra esencia.

El amor perdona, olvida, extingue todo trazo de dolor.

Paso a paso estoy aprendiendo a perdonar, a amar, estoy aprendiendo a descubrir el valor que representa cada vida, y todas las vidas.

Valor enterrado por el rechazo, por falta de comprensión, cariño y aceptación, por las experiencias que nos forjan a través del dolor dejando huellas en el tiempo que atan al corazón.

Estoy aprendiendo a ver, en las personas su alma, y las posibilidades que Dios les dio.

Estoy aprendiendo, pero como es lento el aprendizaje!

Cómo, es difícil amar incondicionalmente…

Tropezando, Cometiendo errores, estoy aprendiendo…

Estoy aprendiendo, en este coqueteo con el aprendizaje que finalmente solo somos el recuerdo de un bello suspiro exhalado por DIOS…

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LA AMISTAD

La amistad

 
 

La amistad es una cajita de cristal. Pequeña, transparente, donde guardas allí dentro todos tus pensamientos, ideas, cariño y amor.

Un cristal fino donde te reflejas. Material en el que están hechos tus sueños. Son porciones de tu corazón que intentas que no se rayen nunca.

Un amigo es más que una persona. Algo que no es físico, algo que siempre llevas. Es eso que recoges por el camino y guardas en tu cajita de cristal, cuidadosamente acomodado en su interior de terciopelo. Todo eso en lo que crees, en lo que confías, en lo que sientes.

Eso que más allá del mundo encuentras. Eso que te abraza cuando piensas que no puedes más. Algo que lamentas no ver. Porque el amigo no se ve, no se toca, no se huele. Simplemente lo sientes. Y, aunque se encuentre sentado a tu lado, tú nunca lo ves como la materia física que es. Su esencia oculta entre los pliegues del terciopelo de tu cajita de cristal.

A veces lo miras a los ojos. A veces sientes su presencia.
Sin embargo, el amigo no es la persona que ves. Es la persona que sientes.

Es aquello por lo que darías todo.
Menos tu cajita de cristal…