LA LEYENDA DEL BESO…

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NUNCA PIERDAS…

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Nunca Pierdas

 

Nunca pierdas EL BRILLO DE TU MIRADA, aún sabiendo que muchas cosas nublarán tus ojos.
No pierdas el EQUILIBRIO, aún sabiendo que innumerables fuerzas querrán doblegarte.
No pierdas el OPTIMISMO, aún sabiendo que el futuro puede no ser tan alegre.
Nue no pierdas las GARRAS, aún sabiendo que la lucha puede ser con un adversario potente.
No pierdas tus aspiraciones de SER GRANDE, aún sabiendo que muchos no querrán que crezcas.
No pierdas las ganas de AYUDAR A LOS DEMAS, aún sabiendo que muchos son incapaces de reconocer y sentir gratitud.
No pierdas LA ALEGRIA DE VIVIR, aún sabiendo que muchas lágrimas brotaran de tus ojos y se escurrirán por tu alma.
No pierdas las ganas de AMAR que existe en tu corazón, aún sabiendo que muchas veces podrá no ser correspondido.
No pierdas LA PRIMAVERA, sólo porque aun no ha salido una flor en tu balcón.
Y SOBRE todo… NO pierdas la LA ILUSIÓN… SUEÑA EN GRANDE y lucha por hacerlos realidad!!!

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RUBEN DARIO.

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Rubén Darío

 

Canción de otoño en primavera

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
¡Mas es mía el Alba de oro!