8 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA


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MUJER

Una mujer fuerte es una mujer esforzada. Una mujer fuerte es una mujer que se sostiene de puntillas y levanta unas pesas mientras intenta cantar Boris Godunov… Una mujer fuerte es una mujer “manos a la obra” limpiando el pozo negro de la historia. Y mientras saca la porquería con la pala habla de que no le importa llorar, porque abre los conductos de los ojos… Ni vomitar, porque estimula los músculos del estómago… Y sigue dando paladas, con lágrimas en la nariz. Una mujer fuerte es una mujer con una voz en la cabeza, que le repite: “Te lo dije: sos fea, sos mala, sos tonta… nadie más te va a querer nunca”. “¿Por qué no eres femenina, por qué no eres suave y discreta… por qué no estás muerta…?”. Una mujer fuerte es una mujer empeñada en hacer algo que los demás están empeñados en que no se haga. Está empujando la tapa de plomo de un ataúd desde adentro. Está intentando levantar con la cabeza la tapa de una alcantarilla. Está intentando romper una pared de acero a cabezazos… Le duele la cabeza. La gente que espera a que haga el agujero, le dice:”date prisa…¡eres tan fuerte…!” Una mujer fuerte es una mujer que sangra por dentro. Una mujer fuerte es una mujer que se hace a sí misma. Fuerte cada mañana mientras se le sueltan los dientes y la espalda la destroza. “Cada niño, un diente…”, solían decir antes. Y ahora “por cada batalla… una cicatriz”. Una mujer fuerte es una masa de cicatrices que duelen cuando llueve. Y de heridas que sangran cuando se las golpea. Y de recuerdos que se levantan por la noche y recorren la casa de un lado a otro, calzando botas… Una mujer fuerte es una mujer que ansía el amor como si fuera oxígeno, para no ahogarse… Una mujer fuerte es una mujer que ama con fuerza y llora con fuerza… Y se aterra con fuerza y tiene necesidades fuertes… Una mujer fuerte es fuerte en palabras, en actos, en conexión, en sentimientos… No es fuerte como la piedra sino como la loba amamantando a sus cachorros. La fuerza no está en ella, pero la representa como el viento llena una vela. Lo que la conforta es que los demás la amen, tanto por su fuerza como por la debilidad de la que ésta emana, como el relámpago de la nube. El relámpago deslumbra, llueve, las nubes se dispersan Sólo permanece el agua de la conexión, fluyendo con nosotras. Fuerte es lo que nos hacemos unas a otras. Hasta que no seamos fuertes juntas una mujer fuerte es una mujer fuertemente asustada…

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MUJER

Vengo desde el ayer
Maravillosa descripción de la mujer a través de los siglos

Vengo desde el ayer
desde el pasado oscuro y olvidado
con las manos atadas por el tiempo
con la boca sellada desde épocas remotas.

Vengo cargada de dolores antiguos,
recogidos por siglos, arrastrando
cadenas largas e indestructibles.

Vengo desde la oscuridad, del pozo del olvido
con el silencio a cuestas,
con el miedo ancestral que ha corroído mi alma
desde el principio de los tiempos.

Vengo de ser esclava por milenios,
esclava de maneras diferentes:
sometida al deseo de mi raptor en Persia,
esclavizada en Grecia bajo el poder romano,
convertida en vestal en las tierras de Egipto,
ofrecida a los dioses en ritos milenarios
vendida en el desierto
o canjeada como una mercancía.

Vengo de ser apedreada por adúltera
en las calles de Jerusalén
por una turba de hipócritas,
pecadores de todas las especies
que clamaban al cielo mi castigo.

He sido mutilada
en muchos pueblos
para privar mi cuerpo de placeres
y convertida 
en animal de carga,
trabajadora y paridora de la especie.

Me han violado
sin límite
en todos los rincones del planeta
sin que cuente mi edad madura
o tierna
o importe mi color
o mi estatura.

Debí servir ayer a los señores,
prestarme a sus deseos,
entregarme,
donarme,
destruirme,
olvidarme de ser una entre miles

He sido barragana de un señor en Castilla,
esposa de un marqués
y concubina de un comerciante griego,
prostituta en Bombay y en Filipinas
y siempre ha sido igual mi tratamiento.

De unos y de otros
siempre esclava,
de unos y de otros
dependiente,
menor de edad en todos los asuntos,
invisible en la historia más lejana
y olvidada
en la historia más reciente

Yo no tuve la luz del alfabeto.
Durante largos siglos
aboné con mis lágrimas
la tierra que debí cultivar
desde mi infancia.

He recorrido el mundo
en millares de vidas
que me han sido entregadas
una a una .

Y he conocido a todos los hombres
del planeta.
Los grandes y pequeños,
los bravos y cobardes,
los viles, los honestos,
los buenos,
los terribles.

Mas casi todos llevan
la marca de los tiempos.
Unos manejan vidas
como amos y señores,
asfixian, aprisionan y aniquilan.

Otros dejan almas
comercian con ideas,
asustan o seducen,
manipulan y oprimen.

Yo los conozco a todos,
estuve cerca de unos y de otros,
sirviendo cada día,
recogiendo migajas,
bajando la cerviz a cada paso,
cumpliendo con mi karma.

He recorrido todos los caminos
he arañado paredes y ensayado silencios
tratando de cumplir con el mandato
de ser como ellos quieren
mas no lo he conseguido.

Jamás se permitió que yo escogiera
el rumbo de mi vida.
He caminado siempre en una disyuntiva
ser santa o prostituta.

He conocido el odio de los inquisidores
que a nombre
de la santa madre iglesia
condenaron
mi cuerpo a su servicio
y a las infames
llamas de la hoguera.

Me han llamado
de múltiples maneras:
bruja, loca,
adivina,
pervertida,
aliada de satán,
esclava de la
carne,
seductora,
ninfómana,
culpable
de los males de la tierra.

Pero seguí viviendo, arando,
cosechando, cosiendo,
construyendo, cocinando, tejiendo,
curando, protegiendo, pariendo,
criando, amamantando, cuidando
y sobre todo amando

He poblado la tierra de amos
y de esclavos,
de ricos y mendigos,
de genios y de idiotas,
pero todos tuvieron
el calor de mi vientre,
mi sangre y su alimento
y se llevaron un poco de mi vida.

Logré sobrevivir a la conquista
brutal y despiadada de Castilla
en las tierras de América
pero perdí mis dioses y mi tierra
y mi vientre parió gente mestiza
después que el amo
me tomó por la fuerza.

Y en este continente mancillado
proseguí mi existencia
cargada de dolores cotidianos,
negra y esclava en medio de la hacienda
me vi obligada a recibir al amo
cuantas veces quisiera
sin poder expresar ninguna queja.

Después fui costurera,
campesina,
sirvienta,
labradora,
madre de muchos hijos miserables,
vendedora ambulante,
curandera,
cuidadora de niños 
o de ancianos,
artesana de manos prodigiosas,
tejedora,
bordadora,
obrera,
maestra,
secretaria,
enfermera.

Siempre sirviendo a todos,
convertida en abeja o sementera
cumpliendo las tareas más ingratas
moldeada como cántaro por las manos ajenas.

Y un día me dolí de mis angustias
un día me cansé de mis trajines,
abandoné el desierto y el océano,
bajé de la montaña,
atravesé las selvas y confines
y convertí mi voz dulce y tranquila,
en bocina del viento
en grito universal y enloquecido.

Y convoqué a la viuda, a la casada,
a la mujer del pueblo, a la soltera,
a la madre angustiada, a la fea,
a la recién parida, a la violada,
a la triste, a la callada, a la hermosa,
a la pobre, a la afligida, a la ignorante,
a la fiel, a la engañada, a la prostituida.

Vinieron miles de mujeres juntas
a escuchar mis arengas,
se habló de los dolores milenarios,
de las largas cadenas
que los siglos nos cargaron a cuestas.

Y formamos con todas nuestras quejas,
un caudaloso río
que empezó a recorrer el universo
ahogando la injusticia
y el olvido

El mundo se quedó paralizado
los hombres y mujeres no caminaron
se pararon las máquinas, los tornos,
los grandes edificios y las fábricas
ministerios y hoteles, talleres y oficinas,
hospitales y tiendas, hogares y cocinas.

Las mujeres, por fin, lo descubrimos.

¡Somos tan poderosas como ellos
y somos muchas más sobre la tierra!
¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!
¡Más que la infamia y más que la miseria!

Que este canto resuene
en las lejanas tierras de Indochina
en las arenas cálidas del África,
en Alaska y América Latina,
llamando a la igualdad entre los géneros
a construir un mundo solidario
–distinto, horizontal, sin poderíos
a conjugar ternura,
paz y vida,
a beber de la ciencia sin distingos.

A derrotar el odio y los prejuicios,
el poder de unos pocos,
las mezquinas fronteras,
a amasar con las manos de ambos sexos
el pan de la existencia.
Jenny Londoño, escritora, historiadora y socióloga ecuatoriana
Maravillosa descripción de la historia de la mujer a través de los siglos

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