A MIS HIJOS…


A LA ORILLA DEL TIEMPO

 

En ocultas imágenes 
de mi febril cerebro 
he buscado tu infancia, 
tus sublimes deseos, 
tus cándidas sonrisas, 
tus dorados cabellos, 
tu sonrosada piel 
y tu cuerpo pequeño. 

He recordado el tacto 
de tus afables dedos, 
de tus dulces caricias, 
de tus filiales besos, 
de tus brazos redondos 
rodeando mi cuello 
con el calor pacífico 
del cariño sincero. 

Es una tierna imagen 
que al mirarte no encuentro 
y he tenido que hacer 
un lacerante esfuerzo 
para ver tu interior 
perdido entre tu invierno, 
alcanzado tan solo 
en fugaces reflejos. 

¿Qué borrasca perversa 
ensombreció tu cielo? 
¿Qué embate de tu historia 
segó tus grandes sueños? 
¿Quién apagó la dicha 
del inicial destello? 
¡Por qué será este mundo 
tan duro y traicionero!. 

Pensando en tu niñez 
de júbilo y de juegos 
en el jardín florido 
de los pasos primeros, 
ha anidado en mi almena 
confianza en tu regreso, 
habrá un día de sol 
y orientarás el vuelo. 

Al observar tus ojos 
y tu mirar inquieto, 
tu expresión anhelante 
ante el futuro incierto, 
he visto que esplendía 
tu intangible lucero 
con nervio y poderío 
de pasados momentos. 

Por esa luz pequeña, 
por ese parpadeo, 
por la vivacidad 
que presiona tu pecho, 
por la inmortal semilla 
que Dios puso en tu centro, 
aguardo tu llegada 
a la orilla del tiempo.

    

Emma-Margarita R. A.-Valdés

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